El mensaje de Chaplin contra el fascismo cumple 75 años. Film “El gran dictador”

15/Oct/2015

Elespectador.com, Por: Fernando Mexía / EFE

El mensaje de Chaplin contra el fascismo cumple 75 años. Film “El gran dictador”

El Gran Dictador es una obra que se mofaba de las ambiciones
totalitarias de los fascismos europeos y terminaba con uno de los mejores
discursos de la historia del séptimo arte.
El día que Charles Chaplin habló por primera vez en una
película, se puso serio y miró directamente a la cámara para criticar sin
tapujos, amparado en una historia de ficción, las vilezas reales que sacudían
al mundo hace ahora ya 75 años, un testimonio que aún hoy mantiene su vigencia.
El célebre cómico del cine mudo que arrancaba sonrisas con
su entrañable Charlot, estrenó el 15 de octubre de 1940 en Nueva York su cinta
«The Great Dictator», una obra que se mofaba de las ambiciones
totalitarias de los fascismos europeos y terminaba con uno de los mejores
discursos de la historia del séptimo arte.
El alegato de más de cuatro minutos y medio con el que
Chaplin concluía el filme era una llamada a favor de la democracia, las
libertades, la hermandad de los pueblos y contra la avaricia, el odio y la
intolerancia.
Un mensaje que resonó como una declaración personal de
Chaplin, quien protagonizó, dirigió, escribió y financió el largometraje que
levantó suspicacias políticas y reproches diplomáticos desde su fase de
producción.
Al actor, «The Great Dictator (El Gran Dictador)»
le supuso ser calificado como propagandista contrario a los intereses de EE.UU.
por las autoridades estadounidenses, quienes en 1952 le llegaron a prohibir su
regreso al país donde había vivido durante 40 años. Este artista nacido en
Londres volvería a EE.UU. en una última ocasión, en 1972 para recoger su Óscar
honorífico.
Antes de su entrada en la Segunda Guerra Mundial, EE.UU.
había preferido mantenerse al margen de las tensiones europeas y del auge de
los beligerantes nacionalismos que veía con buenos ojos porque se oponían a la
que consideraba la gran amenaza de la época: el comunismo.
El antifascismo que emanaba de «The Great
Dictator» se entendió en aquel mundo polarizado como un procomunismo
encubierto, y muchos juzgaron por ello a Chaplin, quien pasó a engrosar la
lista negra de artistas vetados por Hollywood.
El argumento del filme se centraba en dos historias, la de
un barbero que vivía en un gueto en un país imaginario llamado Tomania, y la
del ambicioso líder de ese estado, el dictador Hynkel, ambos personajes
interpretados por Chaplin.
Tomania era una alusión a Alemania; Hynkel, a Hitler; y el
barbero simbolizaba la víctima de la tiranía.
Chaplin hizo que Hynkel y el barbero fueran físicamente
semejantes para poder intercambiar sus roles, de tal forma que una casualidad
hiciera que al final de la cinta el opresor fuera arrestado por sus soldados y
el oprimido ocupara su lugar en el clímax del filme.
Los paralelismos no acaban ahí. El documental «TheTramp
and the Dictator» (2002) indagó sobre las similitudes existentes entre
Chaplin y Hitler, más allá del bigote.
Ambos nacieron en la misma semana de 1889, tuvieron una
infancia difícil, el primero en Londres y el otro en Viena, algo que les llevó
a tener vocaciones artísticas, las de actor y pintor, respectivamente, y los
dos fueron figuras influyentes, aunque de muy distinta forma.
Quien fuera arquitecto colaborador de Hitler, Albert Speer,
aseguró en sus últimos años de vida que «The Great Dictator» era
«el mejor documental» sobre el líder nazi. Se cree que Hitler tuvo
ocasión de ver el filme, aunque se desconoce cuál pudo ser su reacción.
La película fue el mayor éxito comercial de Chaplin, aunque
su estreno se limitó a EE.UU., Reino Unido y México antes de la rendición de
Alemania en la Segunda Guerra Mundial.
En Francia, que había sido ocupada por los nazis, se pudo
ver en 1945, en Italia en 1946 -muerto ya Mussolini-, y en España en 1976,
fallecido Francisco Franco.
«The Great Dictator» gustó a los críticos de cine
de la época, no así su solemne discurso final, que se contempló como una
extravagancia que carecía de sentido dentro de la historia, aunque sus mensaje,
sin embargo, sí encontraría su sitio para la posteridad.